Psicología económica: Heurísticos, Sesgos, “Nudges” y (ahora) “Ruido”

Los estudios e investigaciones de los psicólogos Tversky y Kahneman, llevados a cabo a mediados de los años setenta del pasado siglo, fundamentaron el enfoque de los heurísticos, que se pueden definir como reglas y estrategias intuitivas que aplicamos, a menudo de forma automática, para producir una estimación o una predicción.

El uso de heurísticos en nuestro pensamiento supone una estrategia natural, rápida y económica en términos de esfuerzo y recursos cognitivos, pero, sobre todo, es una estrategia adaptativa y necesaria.

Si no dispusiésemos del razonamiento heurístico, no seriamos capaces de tomar la mayoría de las decisiones que tomamos habitualmente.

Pero, los heurísticos, clasificados como de representatividad, accesibilidad y anclaje y ajuste, provocan sesgos o falacias que aparecen como errores sistemáticos, característicos de cada uno de los tres tipos básicos enumerados.

El economista conductual Richard Thaler, premiado con el Nobel igual que Kahneman, profundizó en el papel que los sesgos, deseos, valores, miedos y afectos desempeñan en el juicio y valoración de las cosas y, por lo tanto, como influyen en la toma de decisiones.

No obstante, el diagnóstico y conocimiento de los sesgos no es suficiente para eludir los efectos negativos sobre la toma de decisiones que estos producen, pero, gracias al avance de la psicología económica, es posible paliar estos efectos mediante el diseño de intervenciones sencillas, adecuadas a cada uno de los sesgos detectados.

Estas intervenciones, mediante el uso de los denominados “nudges”, empujones o acicates, han permitido obtener esperanzadores resultados en el diseño de políticas públicas y privadas en sectores tan variados como salud, finanzas, educación, seguridad, etc. además del más tradicional papel jugado en el campo del marketing y el comportamiento del consumidor.

Así, la psicología económica y sus profesionales han ido adquiriendo un protagonismo creciente en la planificación estratégica de las organizaciones. Este papel se está viendo acrecentado en contextos como los actuales marcados por, entre otros factores, la globalización, la transformación digital y la pandemia.

Son estos mismos profesionales de las organizaciones los que han detectado, en determinadas condiciones, una relativa inconsistencia en las decisiones tomadas por los empleados, pero, también por los directivos, clientes y proveedores.

En muchos casos los errores que afectan a la toma de decisiones se pueden relacionar con los sesgos sociales, emocionales y cognitivos, pero, en otras ocasiones, los errores se deben a lo que, el propio Kahneman y otros colaboradores, vienen definiendo como “ruido”.

Sin duda, diferenciar entre sesgos y ruido se antoja imprescindible para poder abordar estrategias adecuadas y convenientes para gobiernos públicos y privados.

Los profesionales de la psicología económica o economía de la conducta, trabajando desde dentro de las instituciones y organizaciones, o mediante la contratación de servicios externos de consultoras especializadas, pueden contribuir, a realizar esta distinción y a establecer los programas e intervenciones individualizadas adecuadas y personalizadas para cada situación.

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