PROCESOS PSICOLÓGICOS EN LA TOMA DE DECISIONES

El razonamiento, por medio del cual utilizamos y aplicamos nuestro conocimiento, es uno de los procesos psicológicos más claramente relacionado con la psicología económica o economía conductual. Gracias al razonamiento podemos hacer inferencias. Si no tuviéramos esta posibilidad, dependeríamos de un conocimiento muy específico y puntual para cada situación.

Concretamente, en el estudio del razonamiento probabilístico aparece el enfoque de los heurísticos, que utilizamos necesariamente, cuando no tenemos toda la información o carecemos del tiempo o la capacidad para procesarla y los sesgos cognitivos, como errores sistemáticos del razonamiento humano, producidos como resultado de diversos procesos, difíciles de diferenciar en muchas ocasiones, y que pueden estar relacionados con motivaciones emocionales y morales, la influencia social, etc.

Además de la trascendencia del razonamiento en la toma de decisiones, aquí nos limitaremos a enumerar otros procesos psicológicos que, sin duda, también intervienen de forma significativa en la conducta, los cambios de conducta y en particular, en dicha toma de decisiones.

El aprendizaje, considerado como el proceso psicológico que, como resultado de la experiencia con los acontecimientos del ambiente produce un cambio duradero en el repertorio conductual, está directamente relacionado con el conocimiento al que recurrimos cuando tenemos que tomar una decisión.

Accedemos a este conocimiento a través de la memoria que, a su vez, estará condicionada por la intervención de otros procesos psicológicos como la percepción y adaptación sensorial y el estado motivacional o emocional.

La atención, es otro de los procesos psicológicos básicos determinantes en la toma de decisiones, por sí mismo y por su significación en otros procesos como pueden ser el aprendizaje y la memoria.

De forma muy esquemática, cuando tomamos una decisión, además de estos procesos, intervienen también, lo que Rick y Lowenstein (2008) denominaron como consecuencias y emociones anticipadas y, por supuesto, las intervenciones, «nudges» o «empujones» que nos estén afectando en la toma de la decisión.

Finalmente, las propias consecuencias y emociones producidas por la decisión tomada, influirán, de una u otra forma, en la toma de decisiones futuras, retroalimentando nuestro acervo de sesgos, también futuros.

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